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1 (se puede) + 2 (se quiere) = 3 (se hace)

Parece una cosa bastante obvia el resultado de la ecuación del título de esta nota, pero no lo es tanto cuando se analiza la forma en que se sigue produciendo en la Ovinocultura nacional.

28/07/15

En el “se puede” los técnicos capacitados en producción ovina deberían tener un rol preponderante (más allá de que la última palabra la tenga el dueño de los animales y del campo) y en ese sentido en el país existe un paquete tecnológico “probado” experimental y comercialmente que demuestra que es perfectamente posible incrementar en más de 40% el indicador más importante y de mayor impacto económico en la producción ovina como es el índice de procreos o porcentaje de señalada. Este indicador es producto de la fertilidad de la majada que no es otra cosa que el cociente entre las ovejas que paren en relación a las ovejas que se encarneraron 5 meses antes. En general no hay problemas con este indicador salvo situaciones particulares, vale decir que de cada 100 ovejas que se encarneran es común que paran 90 (95 en casos de majadas bien trabajadas).

El segundo indicador del índice de procreos es la prolificidad que no es otra cosa que la cantidad de corderos que nacen frente a las ovejas que paren. Acá comienzan los problemas en nuestro país, ya que de nuevo salvo en majadas bien trabajadas, no nacen más corderos (o muy poquitos más, que es prácticamente mismo) que las ovejas que paren, cuando en realidad podrían nacer, sin problemas, al menos 25% más corderos que partos.

El tercer y último indicador de la tasa de procreos es la supervivencia de los corderos que no es otra cosa que la cantidad de corderos vivos a la señalada en relación a la cantidad de corderos nacidos y acá de nuevo tenemos problemas en nuestro país. La mortalidad neonatal es del orden del 15-30% variable de acuerdo al año y en realidad con mínimos cuidados y una suplementación focalizada y poco costosa podríamos reducirla -sin problemas- a la mitad, aun con 25% de mellizos.

Claro para que todo esto ocurra es necesario que se cumpla la segunda parte de la ecuación del título: el “se quiere” y eso depende exclusivamente de la voluntad del dueño de las ovejas y del campo o sea del productor. Seguramente se pueda pensar que la cosa no es tan sencilla y que muchas veces se quiere y no se puede. Entonces volveremos a escuchar que los robos de dos patas o los zorros, chanchos o perros vagabundos determinan que sea imposible tener lanares. O que en muchas zonas ya no hay infraestructura mínima para poder trabajar con ovinos o que hay infraestructura, pero lo que falta es personal idóneo para llevar adelante la producción ovina o incluso que da mucho trabajo o que directamente no gustan los ovinos. Salvo lo referido al gusto por los ovinos contra lo cual nada se puede hacer, todo lo demás, absolutamente todo, es perfectamente subsanable.

Para los predadores de 2 o 4 patas se puede (y se debería) encerrar todas las noches; si un cordero vale hoy previo a su embarque cerca de USD 70 y una oveja de cría (dependiendo de la raza) puede llegar a valer casi el doble, entonces el hecho de encerrar no debería ni pensarse. Pero también se pueden adquirir animales que cuidan el rebaño con diferente grado de perfección: burro, llama o perros de guarda. Todas alternativas posibles y accesibles si se buscan realmente.

Vale decir este problema que es real y que se puede pensar que el Estado debería tomar cartas en el asunto, sea a través de mayor control policial, penas al abigeato de un tenor que hagan pensar dos veces a los que roban antes de delinquir, permitir el control de animales que hoy son un problema serio en muchos campos del país (zorros) o efectivizar definitivamente la tenencia obligatoria de perros o el sacrificio humanitario. Ahora todo eso es un dato y no podría inmovilizarnos y sólo quedarnos en el reclamo, deberíamos actuar y tenemos las herramientas para minimizar ese problema, vale decir que si no lo hacemos es porque definitivamente no se está dispuesto hacerlo y entiendo que un sinceramiento en ese aspecto es central.

Con respecto a la falta de infraestructura, también hoy es ampliamente solucionable. En el mercado se encuentran los accesorios que permitirían manejar en forma eficiente un número importante de lanares: bretes portátiles, baños portátiles ya sea de inmersión o de aspersión; de hecho hay empresas que hoy prestan algunos de esos servicios ante los cuales se esgrime que no hay infraestructura o personal (ejemplos: baños contra sarna y piojo, despezuñado, deshoje y descole, etc.).

El tema personal y sobre todo idoneidad del mismo es -a mi entender- el principal problema, pero tampoco insalvable. El SUL sin ir más lejos manifiesta haber jugado un papel importante en este sentido, muchas veces en forma conjunta con el Plan Agropecuario mediante cursos de capacitación para encargados rurales. Al menos la oferta para hacer esos cursos existen, se promocionan todos los años, no tengo estadísticas al respecto, pero la posibilidad de hacerlos es real.

Los perros de trabajo Kelpies o Border colies son otra herramienta consolidada en el país y en todos los departamentos hay instructores dispuestos a capacitar el personal de campo que es quien en definitiva manejará los perros todos los días. Vale decir que en mayor o menor medida todos los “peros” que se esgrimen contra el desarrollo eficiente de la producción ovina hoy son comercialmente solucionables.

Ciertamente no todos los productores poseen campos aptos para hacer mejoramientos forrajeros, pero no es menos cierto que son muchos más que aun teniéndolos no permiten que los ovinos ingresen a dichos mejoramientos. Para los primeros, pequeñas cantidades de suplementación focalizada en la categoría que más responde previo al servicio y previo al parto y el uso de la suplementación exclusiva al cordero mientras está al pie de la madre (“creep feeding”) son alternativas que si se usaran de forma sistemática permitirían incrementos significativos en la producción de corderos. Para los segundos, es todavía más sencillo el cambio: es sólo probar y sacar las cuentas.

La oveja además de ser un animal muy noble y el único rubro que se comporta bien en el promedio de años buenos y sobre todo malos, presenta una eficiencia envidiable e incapaz de alcanzar con el vacuno: tiene una gestación de 5 meses, posibilidad de obtener un cordero pesado en 5 meses y de producir en kg de carne de cordero, casi las ¾ partes del peso vivo de la oveja. Sin embargo, salvo la gestación que obviamente no podemos hacerla más larga, nos hemos empecinado en engordar un cordero en el doble de tiempo que se podría hacer y en producir apenas un poco más de la tercera parte de su potencial en kg de carne.

La estrategia de “cero costo” y trabajo “a mantenimiento” origina la producción ovina que tenemos. Esta forma de actuar pudo haber dado dividendos cuando el ingreso más importante dentro del rubro era por lana. Los tiempos cambiaron y la producción eficiente de carne requiere otra forma de producir, sobre todo si la cantidad de tierra es limitante.

No se puede hacer magia, si queremos cambiar, definitivamente debemos dar señales claras al respecto y la decisión hoy está en manos del productor que es el dueño de las ovejas y quien –como es obvio- decide qué se hace y qué no se hace.

2tanos@gmail.com



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