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¿Qué hacer para sacar del brete a la ovinocultura nacional?

Uruguay presenta en la actualidad el stock ovino más bajo de su historia, con más de un tercio de los animales “embretados” en el norte del país. Dentro del rubro, está claro que es la cría el segmento que está en jaque.

28/10/15

UN PANEO SOBRE LA REALIDAD DEL RUBRO
Uruguay presenta en la actualidad el stock ovino más bajo de su historia, con más de un tercio de los animales “embretados” en el norte del país. Dentro del rubro, está claro que es la cría el segmento que está en jaque. A los históricamente muy malos desempeños reproductivos, se agrega la ineficiencia para engordar y vender el cordero. Salvo en situaciones muy puntuales (por ejemplo, cría de Merino Australiano súper fino en suelos muy pobres, donde incluso es mejor retener el cordero y venderlo como borrego, luego de la esquila del vellón más fino, ya que la diferencia de precio en kilogramo de carne entre ambas categorías es muy poco significativa), no se justifica vender el cordero con un año de edad con el objetivo de sacarle un vellón. Definitivamente tal estrategia no paga el tiempo transcurrido y el campo ocupado, independientemente de la finura que estemos considerando.

La situación de ineficiencia en la cría se atribuye mayormente a que la alimentación y el manejo son deficitarios, ya sea por voluntad propia (particularmente en el caso de la alimentación, en la que aun contando con mejoramientos forrajeros, la cría prácticamente no accede a ellos) y/o por la falta de asistencia técnica.

Se podría agregar a la situación de la cría, el segmento que integran los productores que compran corderos para invernar, quienes si bien poseen todas las características para engordar eficientemente el cordero, no cuentan con el producto necesario para la entrada de sus mejoramientos, numerosos y diversos (cultivos en cobertura, semilleros y laboreo de verano en chacras de arroz). Adicionalmente, han existido limitantes financieras y logísticas para el desarrollo de sistemas asociativos entre ambos segmentos del complejo cárnico. La industria, que demanda un producto más homogéneo y que rinda mayores calibres en cortes de alto valor, no ha jugado un papel aglutinador, que facilite la concreción de alianzas sustentables entre la cría y la invernada ovina.

A las ineficiencias y dificultades de los procesos de cría, crecimiento y engorde del cordero, se agrega la escasez de mano de obra capacitada que migra a otras actividades mejor remuneradas y que en muchos casos no requieren que el personal pernocte en su lugar de trabajo, sino que, por el contrario, este cumple un horario y retorna todos los días a su casa. Este hecho es, a nuestro entender, un diferencial muy importante que, para ser “empardado”, es casi imprescindible que cuente con buenas remuneraciones y condiciones de trabajo y vivienda que “disimulen” otras alternativas laborales que antes no existían y hoy compiten y, frecuentemente, ganan a las demandas de vivir en la campaña.

Como si todo esto fuera poco, se agregan el robo de animales con la faena y el comercio clandestino consecuente, y el ataque cada vez más agudo de perros muchas veces vagabundos y otras no tanto, y la presencia de predadores cuya caza en algún caso está permitida (jabalí), pero en muchos todo lo contrario: zorros y caranchos.

Todos estos problemas son conocidos por quienes de alguna forma u otra trabajamos en el rubro, y personalmente se entiende que hemos abusado del diagnóstico pero han escaseado las alternativas para hacer competitivo un sector que, de manera paradojal, lo es siempre y cuando sea bien trabajado y se realice una serie de pasos imprescindibles que mejoren el marco que hoy no lo hace atractivo para invertir en su desarrollo.



¿QUÉ HACER ENTONCES?
En primer lugar y escribiendo en términos futbolísticos, no seguir haciendo lo mismo que hasta ahora y abrir el plantel a más jugadores que los que siempre se citan, si realmente se quiere ganar el partido. Para ello, es menester reconocer los errores pasados, no para identificar culpables, sino para no cometerlos de nuevo.

No se puede ignorar los pocos intentos de síntesis de información nacional en lo que a producción de carne ovina se refiere. La idea no es dejar de lado la producción de lana, pero sí no perder de vista que para muchos establecimientos ovejeros del país el ingreso mayoritario es por carne ovina y es precisamente esta producción la que menos se ha desarrollado en Uruguay y en la que más lejos se está del “techo productivo”, basta echar una mirada al continente oceánico en general y a Nueva Zelanda en particular.

Dos libros han sido publicados en los últimos 17 años contemplando los resultados alcanzados por diferentes instituciones de generación de conocimientos del Uruguay. En el primero de ellos se sintetizan resultados de investigación analítica (algunos incluso validados comercialmente), relacionados con tecnologías vinculadas al proceso de crecimiento de corderos, en cuanto a alimentación, manejo y mejoramiento genético. En el otro, mucho más reciente en el tiempo, se plantea en forma de calendario anual un paquete tecnológico que, de llevarse adelante, generaría mejoras significativas en los magros indicadores reproductivos nacionales. Es tiempo de trasladar masivamente a la práctica lo que la academia y la experiencia de casi tres décadas de trabajo en ovinos sustentan.

Ello no quiere decir que no sea necesario continuar investigando y sintetizando la información nacional que se vaya generando, pero sí que debe haber una prioridad en los recursos invertidos en el desarrollo del rubro ovino. En ese sentido, estamos convencidos de que se requiere invertir en transferencia de tecnologías, pero no para que estas sean adoptadas en forma aislada y discontinua, sino para que sean implementadas en forma de paquete tecnológico y de manera sistemática en diferentes momentos críticos del proceso de cría, crecimiento y engorde del cordero.

Para su implementación y/o respuesta es necesario realizar sistemáticamente una serie de mediciones, que, pudiendo realizarse en los animales, no se hacen en la práctica, determinando la imposibilidad de saber con razonable grado de exactitud las razones que determinan los resultados reproductivos parciales o finales y, muchas veces, escepticismo por parte de los productores.

Determinación del estado corporal pre-encarnerada y preparto para definir qué lote de ovejas es la que requiere flushing al servicio o suplementación energética antes del parto. Extracción de heces en forma individual de al menos 15 animales representativos de la población y elegidos a la señalada para el posterior recuento del número de huevos de parásitos que aparecen en las heces del animal y en función de los resultados realizar la aplicación de drogas de efectividad conocida. Esa misma muestra se utiliza para monitorear el crecimiento de los corderos durante su crecimiento.

Esta inversión en transferencia debe basarse en capacitar y aumentar los recursos técnicos disponibles a nivel de campo, priorizando el trabajo con aquellos productores que no estén en condiciones de solventarse un técnico. Simultáneamente, deberían existir fuentes de financiamiento para desarrollar proyectos de transferencia tecnológica que permitan demostrar que la ciencia llevada a la práctica arroja resultados positivos y sustentables en el proceso de cría y crecimiento del cordero. El desarrollo de estos proyectos va de la mano de la presencia de técnicos capacitados en el rubro ovino trabajando en forma conjunta con los productores y su personal. Las instancias tradicionales de capacitación (publicaciones, jornadas, seminarios, etcétera) sirven para actualizar profesionales pero no han demostrado eficacia a la hora de generar cambios en los resultados de los productores que tienen ovinos en Uruguay. El trabajo debe ser necesariamente en el campo y con los productores y el personal a cargo, por aquello de que “la palabra convence, pero el ejemplo arrastra”.

A los productores también les cabe la responsabilidad de mejorar y para ello los que pueden solventar un técnico (que no son pocos) deberían hacerlo y, además, propender a la capacitación continua de su personal (por supuesto, bien remunerado). El Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) tiene convenios con el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP) y el Instituto Plan Agropecuario (IPA) para la realización de cursos teóricoprácticos para encargados rurales. Se debería hacer un relevamiento en diferentes zonas del país para saber a ciencia cierta en qué medida están siendo cubiertas las demandas, sin descartar la posibilidad de estudiar algún beneficio para aquellos productores que capacitan a su personal de trabajo y lo remuneran por encima de la media.

Complementariamente, a esta altura resulta imprescindible contar con herramientas que ayudan al trabajo diario (por ejemplo, perros kelpies o border colies entrenados) y economizan trabajo. Sobre todo en predios grandes, no es despreciable el tiempo que se pierde en traslados a caballo cuando se podría recurrir al uso de motos o cuatriciclos. Para ambas cosas se podría pensar en líneas de crédito que facilitaran su adopción en forma masiva, siempre y cuando se acredite que su uso es para el trabajo de campo.

En otro orden, se debería propender a generar emprendimientos asociativos del tipo “ganar-ganar” entre criadores e invernadores, con el propósito de levantar las restricciones que presentan ambos segmentos del complejo cárnico para la producción de un cordero en base a cruzamientos con algunas razas carniceras existentes en el país, a los efectos de generar un producto diferente y capaz de cubrir porciones del mercado que el actual cordero pesado no logra cubrir. Para desarrollar esto el involucramiento de la industria frigorífica en forma de alianza con los productores, aportando parte de la logística necesaria para el desarrollo de estos sistemas, resultará clave.

El Estado y sus instituciones vinculadas al rubro tampoco podrán estar ajenos a las acciones esbozadas. El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) tendrá que pensar en desarrollar un programa para: recuperar el stock y mejorar los indicadores productivos, hacer posible que los pequeños productores reciban asesoramiento sustentable (porque solo con el SUL no alcanza), y que el resto de los productores también lo haga y que la oveja, en definitiva, se coloque en la agenda política del Uruguay como nunca antes estuvo, entre otras cosas, para solucionar de una buena vez problemas que tienen solución. Sin ir más lejos, el tema de los perros vagabundos (y a veces no tanto), debe ser solucionado por el Estado. ¿Por qué? Pues porque, además, es un serio problema social, no solo por las mordeduras y accidentes que ––denunciados o no–– generan un día sí y otro día también en cualquier ciudad, particularmente del interior, en la gente que anda en moto o bicicleta, sino porque contribuyen en buena medida a que las ciudades se mantengan sucias. La Sociedad de Medicina Veterinaria plantea hoy que las alternativas de control no pasan por cobrar la patente o la multa, tampoco por la castración. Entre otras cosas, porque la primera no es físicamente controlable y la segunda se hace en el 80% de los casos en perros con dueños. La solución es antipática, pero es la única que a esta altura se debería tomar y es la tenencia obligatoria o el sacrificio humanitario. Claramente, es un tema sobre el que no se puede ser ambiguo.

En el caso de los predadores, es el Departamento de Fauna de la Dirección General de Recursos Naturales Renovables (RENARE) el que tiene que expedirse al respecto. Si hoy los zorros dejaron de ser predadores secundarios para transformarse en primarios y los caranchos ya no se contentan con las placentas de las ovejas paridas sino que van por las preñadas (en realidad, por alguna de sus partes anatómicas, aunque no hace la diferencia), pues capaz que llegó la hora de pensar si estos animales son tan estratégicos como para protegerlos a como dé lugar y más importantes para el país que las ovejas.

 

Para el caso del robo de hacienda en general y de ovinos en particular, también habría que comenzar a plantear soluciones “palpables” a corto plazo. Además de aumentar y mejorar la dotación policial especializada en este tipo de delitos, se entiende que hay que apoyarla explícitamente.

Esto para que la persona que robe, cuando la atrapen, pague por su falta. No somos especialistas en el tema, pero hemos escuchado la desazón de la policía cuando manifiesta que todo el esfuerzo realizado para atrapar a quien cometió el delito resulta en vano porque el ladrón no solo no es puesto en la cárcel, sino que muchas veces resulta reincidente. Parecería razonable que el Ministerio del Interior y el Poder Judicial, más allá de la independencia lógica de poderes, ensayen en conjunto con la intervención parlamentaria algunas alternativas en pos de solucionar un problema de larga data, pero que se ha intensificado a punto tal que todos los días en diferentes puntos del país se cometen robos de diferente magnitud.

En otro orden, y porque además de serlo hay que parecerlo, definitivamente el INAC deberá ser, además del Instituto Nacional de la Carne Vacuna, el Instituto de la Carne Ovina, colocando de igual forma que hizo con la vaca a la oveja en las diferentes ferias de alimentación internacionales y en los restaurantes europeos. El mundo tiene que conocer al país no solo como gran productor de carne vacuna, que lo es, sino también con un gran potencial de desarrollo en carne ovina. Será necesario desarrollar políticas agresivas de marketing en este sentido.

Definitivamente, si aquellos a los que les corresponde hacer muchas de estas tareas que facilitarían la adopción de tecnologías (o, al menos, evitarían que esos problemas de fuera de la producción sean usados como excusa por aquellos malos productores de ovinos), no lo hacen en un plazo relativamente corto de tiempo, pues no estaría mal un reconocimiento explícito de que existen rubros de primera y otros que definitivamente no importan.

 

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