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Cambio de fase en ciclo ganadero

Las condiciones climáticas favorables casi aseguran dos pariciones abundantes, una empezando en estos días y la otra casi asegurada dentro de un año, lo que abre un horizonte productivo auspicioso

12/08/17

La ganadería viene sumando su mayor racha de suerte climática en mucho tiempo. Lluvias regulares, temperaturas templadas en el invierno luego de un verano lluvioso. Pocas heladas fuertes.

El campo natural ha permanecido verde y el rebrote ya se empieza a notar en el norte del país. Los verdeos y praderas han producido forraje como pocas veces se ha visto. En pocas semanas más se estarán cumpliendo metafóricamente 12 meses de primavera, porque la combinación de lluvias y la benevolencia de temperaturas ha sido llamativa.

Y esa situación tan inusual tiene consecuencias favorables para los productores y lleva a un cambio en la lógica de funcionamiento ganadero. En un plano general permitió bajar costos por kilo de carne producido y permitirá sin muchos cambios en los sistemas de producción generar bastantes más terneros en esta primavera, que están empezando a nacer en los próximos días y que serán contabilizados en el próximo otoño.

Un salto todavía mayor puede darse en la parición siguiente que bien puede arrimarse a 2,9 millones de cabezas y marcar un nuevo récord en la producción nacional.

La sucesión de dos altas producciones de terneros a bajo costo que vendrá gracias a la fortuna climática cambia un factor que ha sido adverso para un segmento de la producción: la invernada ha tenido las de perder en 2015 y 2016, ha comprado mucho más caro de lo que ha vendido porque además ha debido competir con la exportación en pie. La ganadería de bajo costo que en años pasados derivó en menor preñez y más faena de vacas de descarte, ahora se da vuelta sin que medie para ello un cambio dramático del escenario ganadero.

 

Aunque el invierno excepcionalmente favorable para la ganadería es un factor fundamental, hay algunas incertidumbres. La exportación en pie, que en algunos momentos tenía permisos demorados y que en enero y febrero pasado hizo una pausa, ha ratificado su funcionamiento como garantía de precios para los terneros. Eso estimula a entorar. Y por otro lado el cupo 481, que un año atrás parecía en riesgo por la victoria del presidente antiglobalización Donald Trump, ahora parece un negocio afianzado. De modo que aunque precios y márgenes se han reducido, la variabilidad de los precios es baja y la fluidez de colocación alta, el pasto abunda en la época del año en el que es más escaso. Señales que dan el puntapié inicial a una nueva fase expansiva del ciclo ganadero.

En los grandes números no se verán cambios de corto plazo. La faena en este segundo semestre será levemente inferior a la del segundo semestre del año pasado. La faena de vacunos que en los 12 meses finalizados en junio llegó a pasar los 2,4 millones de vacunos cerrará el año en 2,3 millones.

La faena de vacas bajará y la de novillos permanecerá relativamente constante y logrará crecer un poco más este año. El dato de julio fue fuerte: 23% menos de ganado faenado respecto a junio y 13% menos que en julio de 2016. De modo que paradojalmente en las cifras de producción y exportación se observará una retracción que es una buena señal.

Cuanto menor sea la faena más clara será la señal de que los ganaderos apuestan a expandir la producción futura. Previsiblemente la caída en la faena de vacas fue mayor: 14% menos que en julio pasado. En agosto se mantendrá esa lógica de retracción.

Las vacas, que fueron hasta ahora una categoría abundante, y aún así lograron sostener precios, ahora pasan a ser una categoría relativamente escasa y más demandada. Producir terneros es un negocio seguro y, dada la situación forrajera, de relativamente bajo costo, una apuesta previsible.

 

Si se dieran condiciones medianamente favorables, la ganadería podría tener un envión importante para el comienzo de la próxima década. Al menos en sus cifras macro: más terneros, más stock y una lógica algo más equilibrada para los invernadores.

Por supuesto que todavía falta mucho. Puede dejar de llover en cualquier momento de setiembre en adelante y todo este envión se vería al menos resentido. Pero si de ahora en adelante el clima es normal, el envión estará. Es casi seguro que se calzará una primavera de rebrote temprano. Podría venir una bajada fuerte del ganado gordo si el mercado siguiera la lógica que tuvo en 2016, pero eso parece menos probable luego de la abundante faena del primer semestre y la buena situación forrajera.

Si los precios del ganado gordo se estabilizan en estas semanas clave, la ganadería uruguaya estará empezando un camino que afianzará un stock de más de 12 millones de animales. Y así esperará a la apertura del mercado de Japón con una potencial productivo importante de mediano plazo.

Es casi seguro que será una zafra de reproductores muy interesante y que, si el verano es normal, la preñez será muy buena. Eso lleva el buen abastecimiento de terneros hasta 2020. Y la faena de vientres debería ser relativamente moderada.

¿Puede esto traducirse en un uso más eficiente de la capacidad instalada de la industria? ¿Podrán estos terneros que nacerán en 2020 volver a conquistar los US$ 4.000 la tonelada como precio promedio de la carne exportada que permitan una ecuación más holgada a los invernadores? ¿Lograrán diversificarse los nichos de exportación para carne terminada a corral? ¿Habrá mejoras de competitividad que permitan sostener el crecimiento? ¿Se logrará una capacidad de resistencia importante para afrontar los tiempos en los que el clima se ponga en contra?

 

Por ahora la ganadería parece ganar tiempo y a pesar de un dólar planchado que hace muy difícil todos los procesos productivos junta fuerzas y ahorra en vacas para aumentar la producción tal vez para acercarse a los récords de 2006 que desde entonces no pudieron superarse.

La ganadería, aunque atenuados, se mueve en ciclos. En esta expansión de la faena llegó al cierre de junio a superar los 2,4 millones de vacunos faenados. En 2006 llegaron a faenarse 2,6 millones. Tras las buenas producciones de terneros que seguramente vendrán en 2018 y 2019 puede que la ganadería se acerque a una nueva lógica que sostenga una salida de ganado en pie que dé garantías a la cría y una faena más importante y estable que ayude a cerrar las cuentas de los frigoríficos.

La producción de terneros de 2019 puede ser la mayor de la historia. Cuán sostenible sea el crecimiento en la producción de terneros de los dos años por delante dependerá de las señales que el productor reciba del Estado y de la industria. En Argentina el gobierno aprobó reintegros para acelerar el crecimiento. Aquí una señal de ese tipo consolidaría lo que el azar climático ha dado de forma circunstancial.

 

El combustible oculto de la ganadería

Entre varios factores que pueden estar conformando un nuevo momento para la ganadería uruguaya uno podría ser estructural. El maíz abunda en la región como nunca antes. Brasil y Argentina suman producciones récord, Paraguay logra excedentes importantes año tras año y en Uruguay la producción local ha logrado rendimientos altos, en particular en el último año.

La suma de pasturas naturales y sembradas abundantes en su producción por hectárea y granos a precios accesibles habilita todas las opciones de alimentación para el productor que se ha ido habituando a combinar dietas más complejas. Eso podrá ser una fuente de sustentabilidad para el crecimiento ganadero que no aparecerá en ninguna estadística, pero que mejorará las relaciones insumo/producto. Lo mismo es válido para la lechería, que luego de pasar dos años de dificultades se apresta, como la ganadería de carnes, a tener una primavera que consolidará un ciclo de expansión en la producción. Resta ver si la expansión puede llegar a los ovinos que tuvieron en esta semana el dato de un precio en suba en el mercado internacional, que tienen en carpeta la apertura de mercados que pueden significar un salto de precios, pero que siguen atrincherados por los ataques de perros, jabalíes y amigos de lo ajeno.


La ganadería uruguaya pasa de la liquidación a la retención.
J. Samuelle

  • Fuente: Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

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