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En defensa de las represas y el riego

La ley de riego parece tener una oposición que parece más un acto reflejo que un producto del razonamiento

27/11/17

En Uruguay todo se discute y todo se parte en dos bandos "a favor " y "en contra". Una de las riquezas que Uruguay tiene y que valdrá cada vez más, sin dudas es el agua. Y agregar valor a los 1.200 milímetros de lluvias que en promedio nos tocan es evidentemente un camino ineludible a recorrer.

La ley de riego parece tener ante sí una oposición que parece más un acto reflejo que un producto del razonamiento. A pesar de que en parte los cuestionamientos han provenido de la academia. La ley aprobada apenas modifica aspectos de la ley anterior sobre la que nadie hablaba. Y no los modifica en aspectos ambientales sino meramente en facilitar emprendimientos asociativos que permiten a tres o cuatro productores emprender en forma conjunta la construcción de un reservorio de agua. O facilitar el atraer inversiones externas al agro para que las represas puedan realizarse.
Para el público urbano el tema ha sido causa de preocupación. Algunos en Montevideo fueron a manifestar en defensa del agua, como si la enmienda legal la pusiera en peligro en su calidad o la "privatizara".

Manejar el agua es algo tan antiguo como la civilización. Las obras de riego son asombrosas en los romanos, en los incas y mucho antes. Es un determinismo no científico presumir que necesariamente van a generar un problema ambiental. No se trata de estar a favor o en contra, se trata de discutir las prevenciones para que no haya daños y más aún, de las condiciones para que nuevas represas generen servicios ambientales: secuestren carbono, generen polos de biodiversidad, ayuden al ambiente y por supuesto también permitan un salto en la producción, que pareciera ser es a lo que se oponen quienes se oponen al texto aprobado.

Por supuesto que garantizar la pureza del agua que se consume es fundamental y que hay mucho por hacer al respecto, en medir, en prevenir y en seguramente tomar acciones en las que la Universidad debería hacer propuestas, incluida la reglamentación de esta nueva ley de Riego.

Pero la crítica realizada no apunta a ninguna medida preventiva. Y la prevención parece ser un tema central. Por un lado la prevención al cambio climático. Ahora mismo hay una situación de riesgo: noviembre ha sido un mes de poca lluvia y hay por ahora una semana completa sin precipitaciones. Lo que el público urbano festeja, es insomnio para quien está arriesgando ya sea porque siembra o porque tiene tal vez que malvender a su ganado. Las sequías son un riesgo mayor que en el siglo pasado. Por lo tanto, hacer represas es evidente. Seguramente hay que establecer reglamentos, establecer que el embalse no termina en la orilla del lago. Imagino represas que tienen una zona buffer de 10 a 20 metros en torno al perímetro. Imagino que en esas zonas buffer hay una siembra obligatoria de árboles nativos.
Ceibos contra la orilla, arazás del lado de afuera, pitangas en medio.

Imagino que esos islotes verdes atraen a insectos polinizadores y dan lugar a colmenas. Imagino que vienen los pájaros atraídos por un lugar donde hacer nido y alimentarse de frutas, insectos y semillas.
Porqué no suponer también que en momentos de sequía estos embalses amortiguan en caso de estar en ríos, la pérdida de caudal y así protegen a la fauna aguas abajo.

Imagino que hasta la Facultad de Ciencias podría monitorear e investigar como aunar un crecimiento productivo con un aumento de la biodiversidad, porque una zona de agua es un ámbito donde se desarrolla una cadena que va de los anfibios a las aves y los mamíferos. Un lago merece tener un coro de ranas y unas cuantas tortugas, y aunque a mucha gente le causen repulsión o temor, unas culebras podrían tener su espacio junto a garzas y cisnes de cuello negro. Y nada de eso impide que los productores circundantes tengan sus pasturas y cultivos a resguardo de un enero seco.

Esto puede parecer una sensiblería bucólica. Pero además de eso, de lo que no me arrepiento, generar un cinturón de vegetación en torno a los lagos es una manera de generar un filtro protector que retenga el nitrógeno, el fósforo y los demás residuos que puedan venir del cultivo regado. Es una manera de usar la represa además de su fin directo, el regar, para generar miel, una zona de esparcimiento, abrigo y sombra.

Quienes se han opuesto a la ley podrían también dar un giro a su protesta ambiental y establecer las pautas reglamentarias que permitan que las represas sean un refugio bullicioso de vida diversa.
Lo importante de las represas no es el qué, es el cómo. Como aumentar la productividad y mejorar los indicadores ambientales. Que hay que hacer un mayor uso de riego es una obviedad. Que los científicos uruguayos deben proponer respecto a como hacerlo es evidente. Desde esa perspectiva, la oposición que se ha manifestado hasta ahora parece mucho más ideológica que científica.

  • Fuente: elobservador.com.uy - Por Eduardo Blasina

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