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El agro al límite

Precios estables costos en alza y una situación cada vez más tensa

13/01/18

Más allá de las circunstancias locales, el 2017 mostró la persistencia de una divergencia creciente entre precios de alimentos estables o en baja y el valor de los papeles en alza. Dentro de las materias primas el panorama es divergente, con los cereales en un persistente movimiento entre la estabilidad y la baja.

Mientras, vuelan las acciones Wall Street con nuevos récord y también llegan a máximos las bolsas regionales sin olvidar el auge de las criptomonedas. El petróleo testea máximos en tres años y metales como el cobre y otros no tan conocidos como el paladio o el litio vienen en carrera ascendente. Los índices de metales tuvieron un excelente 2017..

Sin embargo, este optimismo no se respira para los principales bienes que produce y exporta Uruguay que a precios internacionales estancados suma atraso cambiario persistente (o al menos dos años consecutivos de baja del dólar en términos nominales y por lo tanto de los precios de los productos). Todo suma para volver la situación cada vez más tensa. Incuso un año Niña que determina lluvias irregulares y que esta semana con una ola de calor amenazó a los cultivos.

Es el caso de los granos con un mercado mundial que sigue acumulando stocks y que requiere de una restricción significativa de la oferta para cambiar la tendencia. La carne y la lana presentan perspectivas relativamente firmes y tienen atributos que la distancian más de un commodity aunque los costos internos jueguen decididamente en contra de agregar valor. Tienen el beneficio de la estabilidad, pero no logran márgenes suficientes.

Una de las apuestas por fuera del balance de oferta y demanda de los bienes que produce Uruguay es que el mejor desempeño económico global les de algo más de firmeza. Y que en algún momento se da una corrección intra mercados y los fondos decidan salirse algo de las acciones y los activos financieros para poner más fichas en el mercado de alimentos.

Precios estables, pero relativamente bajos
2018 abre con valores relativamente estables pero bajos para los cereales y con la soja tratando de sostenerse en base a los posibles riesgos de oferta en Argentina con incertidumbre climática que también alcanza a Uruguay. Si finalmente la Niña es débil y la producción es relativamente normal en esta parte del mundo es difícil ver precios por encima de los actuales. La demanda para la proteína –soja- es un factor de sostén pero no tan así para los cereales. Y más cuando parece haberse desconectado la relación petróleo-granos que tanto pesó en el comienzo de la era de los biocombustibles.

Varios analistas advierten a través de gráficas cómo se separan las líneas correspondientes a las acciones y hasta la criptomonedas con la de los granos en Chicago. El comienzo de 2018 mostró nuevos récord para las bolsas de cara a mejores perspectivas de crecimiento económico no solamente en los mercados emergentes sino también en Estados Unidos y, lentamente, Europa y Japón. Es posible que este mejor desempeño pueda dar sostén a los precios de los alimentos aunque es necesario que se interrumpa el ciclo de acumulación de stocks.

En los últimos años se ha insistido con que las materias primas serían finalmente activos de cobertura ante las presiones inflacionarias asociadas a la recuperación económica. Por ahora esas presiones no se ven claras en las economías desarrolladas económicas. Estados Unidos viene con economía acelerada y su menor tasa de desempleo en casi dos décadas pero la inflación no consigue acercarse al objetivo de un alza de 2% de la Reserva Federal.


El precio de las acciones vuela en Wall Street
D. Angerer-AFP

Metales, petróleo y acciones
Al comienzo de 2018 el índice Dow Jones siguió rompiendo récords superando la barrera de 25.000 puntos al igual que los otros principales indicadores de Wall Street. La reforma impositiva –que baja la presión tributaria sobre las empresas estadounidenses- ayudó a este empuje de los activos bursátiles. Sin embargo, el dólar no acompaña esa tendencia en la medida que no se ve una presión sobre los precios que obligue a una política monetaria más dura en Estados Unidos.

El índice dólar –que mide la evolución de la divisa contra una canasta de seis monedas principales como el euro, la libra y el yen- continuó cayendo al comienzo de 2018. El año pasado este índice cayó algo más de 9% en su peor desempeño desde 2003 cortando una racha de tres alzas anuales consecutivas. Si bien el dólar bajo le da firmeza a las materias primas nominadas en esa divisa, se siente también sobre las monedas de países netamente exportadores como Uruguay.

Y se sufre el atraso cambiario que, según el Fondo Monetario Internacional, era del orden de 14% al cierre del año pasado. Esto en una región que está creciendo lo que es favorable por el lado de la demanda de bienes y servicios –claramente se ve en la temporada turística- pero que genera depreciación sobre el dólar. Brasil y Argentina confirmarán este año su recuperación y eso inevitablemente atraerá fondos a esta parte del mundo lo que tiene a apreciar las monedas domésticas. Uruguay continuará en una región cara pero con la diferencia de un mercado interno exiguo si se lo compara con sus vecinos.

El petróleo Brent llegó a operar cerca de US$ 70 por barril al inicio de este año. En 2017 la decisión de la OPEP de reducir la oferta empujó los precios en un escenario de mayor equilibrio entre la oferta y demanda. La competitiva capacidad de producción de Estados Unidos es el principal factor que limite esta recuperación aunque tendremos que vivir con un petróleo superior a los años previos. Esto ya se hizo notar en el ajuste de los combustibles de enero y se puede hacer sentir también sobre los valores de insumos como los agroquímicos. Lo positivo es que les dará mayores ingresos a países productores de petróleo que son altamente demandantes de alimentos.

La soja salvadora
En los granos los cereales como el trigo y maíz continúan con stocks mundiales abultados aunque hay signos de estabilización. Con el balance de oferta y demanda previsto más el nivel de existencias debería haber un fracaso relevante en la cosecha en algunos de los principales bloques o países productores para que los precios trepen a otro nivel. Para el trigo ya no basta que Estados Unidos tenga la menor superficie en 100 años y que sus cultivos no lo estén haciendo bien. Debería darse alguna restricción adicional en la oferta para que los precios superen el rango de los últimos dos años.

Con una demanda de proteína que sigue el ritmo ascendente y un desempeño sólido en economías emergentes la soja parece tener un piso estructural de precios relativamente asegurado. Ahora el foco está puesto en regiones de Argentina donde todavía no se pudo sembrar y, algo menos, en el Sur de Brasil por lluvias escasas. En el resto de ese país el clima ha sido ampliamente favorable para los rendimientos y solamente un atraso relevante en la cosecha puede dar algo de sostén adicional en el corto plazo. La cosecha brasileña de soja fue récord la zafra pasada y puede repetir un gran desempeño este año. Pero en aceites y proteínas la demanda responde y al menos los precios se mantienen estables, en niveles que no permiten buenos márgenes para Uruguay, pero sin sobresaltos que agraven una situación que ya es complicada.


La producción y el comercio de carne en momento favorable

La carne entre sofisticarse y exportar en pie
Para la carne 2018 se presenta con proyecciones de estabilidad a través de dos estrategias inversas: agregar el menor valor posible exportando los terneros vivos a Medio Oriente, o diferenciar la carne y llegar a los mercados más sofisticados.

Hay un paraguas de estabilidad para la cría con la exportación en pie dando sustento a nivel local. Uruguay seguirá con una buena presencia en China aunque con Brasil aumentando sus exportaciones al igual que Australia luego de una temporal restricción en su oferta por la recomposición del rodeo. El precio de exportación de la carne vacuna terminó 2017 con un promedio de US$ 3.453 por tonelada –un aumento de 1,6% respecto al año anterior- y en 2018 podría conquistar los US$ 3.500 por tonelada por mérito propio.

Japón está a la vuelta de la esquina pero no hay una proyección cierta sobre cuánto realmente se podrá colocar en volumen con la competencia de gigantes como Australia que cada vez pagarán menos aranceles por tener acuerdo de libre comercio.

El mercado lanero australiano terminó la primera mitad de la zafra 2017/2018 con niveles récord aunque básicamente concentrado en las lanas finas, algo que se ha trasladado a Uruguay donde es lenta la comercialización del resto de la producción y más si se superan las 29 micras. Las perspectivas no marcan amenazas para la segunda mitad de la campaña.

La producción australiana fue menor y el volumen comercializado se disparó en la primera mitad de la campaña. Para las lanas gruesas, sin embargo, Australia no es tan determinante como otros mercados de amplia oferta y precios muy competitivos como Nueva Zelanda o el Reino Unido.

  • Fuente: Por Blasina y Asociados, especial para El Observador

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