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La pastura hace más eficiente el uso de insumos

La especialista en suelos considera que debe ser más generalizada la rotación de agricultura con praderas para darle una mayor sustentabilidad al sistema

07/05/18

Se dice que los productores recurren menos a las praderas de lo que se necesitaría en las rotaciones para lograr una mayor sustentabilidad del sistema y a la larga un mejor rendimiento agrícola. ¿Usted considera que esto es así?

Yo creo que sí, a pesar de que en los últimos años el área agrícola ha disminuido, y cerca de 500 mil hectáreas volvieron a pasturas, en el litoral todavía nos estamos quedando cortos. Algunas empresas comienzan a incorporar las rotaciones con pasturas, pero todavía son muchas las chacras con más de 10 años de agricultura continua.

Los planes de uso de suelos ponen un muy buen marco en este tema, pero para su realización toman en cuenta solamente la erosión y este no es el único problema que enfrentan nuestros sistemas. Balances negativos de carbono y degradación de suelos pueden existir incluso si se controla la erosión.
Las pasturas permiten tener suficiente aporte como para mantener balances positivos, los que son muy difíciles de lograr con rotaciones de cultivos continuos; lo mismo pasa con el nitrógeno. Por eso, es importante pensar en las pasturas más allá de que los planes de uso cierren o no.

El año pasado desde INIA, Quincke et al. realizaron un relevamiento de unas 100 chacras y observaron pérdidas en el carbono orgánico del suelo (COS) de 17% en promedio en relación a suelos de referencia.
Esto son unos 0,6 puntos del % de COS. En particular, encuentro estos datos algo alarmantes, porque si bien es una muestra de algunos predios, se trata de aquellos en donde uno espera que las cosas estén mejor: son los mejores suelos y productores de punta.

¿Cuánto se está resignando en el futuro por no atender estas necesidades de recuperación del sistema?
Limitamos la productividad y estabilidad de los rendimientos, ¿cuánto?, varía caso a caso, pero el peso es mayor al que le atribuimos.En La Estanzuela hemos cuantijficado que pérdidas de COS de esta magnitud se asocian a reducciones en el rendimiento de trigo de unos 700-800 kg/ha en promedio. En años climáticamente complicados las pérdidas son mucho mayores, incluso totales, y pueden ser mayores en cultivos de verano y suelos más frágiles.

Generalmente hablamos del COS porque es un indicador que sintetiza muy bien un conjunto de propiedades químicas, físicas y biológicas del suelo. Perder carbono significa perder, por ejemplo, capacidad de almacenaje de agua: lo que nos hace más vulnerables a la variabilidad climática. Información experimental muestra que los rendimientos de los sistemas agrícolas continuos son 45% más inestables que los de los sistemas que rotan con pasturas.

Otras causas de esta caída del rendimiento que se ven hoy en las chacras, asociadas a la falta de pasturas, son: menor capacidad de suministro de nitrógeno, menor infiltración, baja estabilidad estructural de los suelos (las chacras se encostran rápido y se reduce la infiltración de agua) y compactación. Todo esto sin entrar en problemas con malezas, enfermedades, plagas, contaminación de aguas superficiales, entre otros.

Ernst et al. (2018), de Facultad de Agronomía, publicaron un excelente artículo donde evalúan el rendimiento de trigo en relación a los años desde la última pastura. Observan que en los primeros 5 años las pérdidas de rendimiento se asocian a una menor capacidad de suministro de nutrientes y aumentando la fertilización (más de lo recomendado según el análisis de suelo) se pueden evitar. Una vez superados 5 años los rendimientos caen rápidamente, de forma independiente al manejo de la fertilización.
Ellos estiman que sistemas con 10 años de agricultura pierden unos 1.100 kg/ha de rendimiento alcanzable, y la fertilización con nitrógeno recomendada aumenta unos 50 k/ha.

El uso de insumos podría tapar las consecuencias de la falta de pasturas, pero tiene un límite y además vuelve al sistema inviable económicamente, ya que la eficiencia de uso de esos insumos disminuye.

El aporte de praderas cortas: ¿en qué medida podría ser tanto o más valioso que las de larga duración?
La inclusión de pasturas cortas a priori brinda, para algunos problemas, las mismas ventajas que las pasturas largas. En el largo plazo, evidencia generada en INIA muestra que los niveles de COS de sistemas que incluyen 33% del tiempo en pasturas, aunque están algo por debajo de aquellos con 50% del tiempo, son superiores a los valores crí ticos en los cuales la productividad comienza a afectarse marcadamente. La calidad fí sica del suelo no se diferencia para muchos parámetros respecto a las pasturas largas.

La pastura larga tiene, en la rotación, más tiempo del suelo cubierto, más aportes de COS, más fijación de nitrógeno que la corta.
Por otro lado, sabemos que para que las pasturas logren romper capas de suelo compactadas es necesario que estas crezcan durante un período más o menos prolongado.
Si partimos de una situación muy degradada puede ser ventajoso incluir una pastura larga; cada caso debe ser analizado individualmente. La información nacional se generó a partir de situaciones que no eran tan malas como la que se ven hoy a nivel de chacra, y por tanto es difícil definir cuanto tiene que durar la pastura con estos puntos de partida.

Las ventajas de las pasturas cortas radican en poder tener más cultivos, y la que manda es la sustentabilidad económica del sistema.

¿Qué manejos se requiere ajustar para trabajar con un sistema de plazos más cortos?
Los criterios de manejo y fertilización no cambian. El desafío es que esta pastura debe generar renta en solo dos años, cuando los costos de siembra, semilla, fertilización, etc. no cambian. Por otro lado, no se puede perder de vista que el objetivo es lograr un buen aporte de residuos al suelo y que el foco sigue siendo la agricultura. Esto puede significar gastar un poco más en fertilizante, sacrificar algún pastoreo y quemar la pastura en un momento en el cual todavía está produciendo bien. En este punto es importante tener bien claros los márgenes económicos.

Aunque siempre es importante, si la pastura es corta, la fase de cultivos define más los balances de COS que cuando la pastura es larga. Por tanto, es crítico contar con doble cultivos (o cultivos de cobertura) y gramí neas en la fase agrícola.

En cuanto a las especies, apuntaría a una mezcla de gramíneas y leguminosas como trébol rojo y cebadilla, por ejemplo. Estas mezclas tienen las ventajas de mostrar buenas productividades (6.000-8.000 k/ha en el primer año y 10.000 – 13.000 en el segundo), aportar nitrógeno y tener el sistema radicular de una gramínea. Pero hay otras opciones interesantes.

En las pasturas cortas se hace referencia a que pueden implicar menor pisoteo, menor endurecimiento, recuperando las propiedades del suelo:
¿cuáles de estos u otros aspectos tienen más importancia y de qué manera pueden incidir?

Las pasturas cortas van a tener menos pastoreos que las largas, pero no necesariamente menos endurecimiento, si no tomamos algunas precauciones.

Dado que partimos de suelos degradados, el pastoreo se vuelve un punto delicado. Los suelos con bajo COS tienen límites plásticos más estrechos y menor capacidad portante.
Esto se traduce en menores períodos en los que puedo pastorear sin riesgos de generar compactación. Pero si yo cuido los contenidos de humedad con los que entro los animales, puedo reducir enormemente los riesgos. Creo que éste es el factor de mayor importancia. Aunque desde el punto de vista operativo no es fácil, hay que evitar pastoreos con el suelo húmedo.

En realidad, este mismo problema debe ser considerado para el tráfico de maquinaria en la producción agrícola. La diferencia principal es que los animales generan una compactación que puede ser, al menos en parte, solucionada con un mayor tiempo de barbecho, y que la maquinaria genera una compactación más profunda y más difícil de revertir.

Parecería que una limitante de la integración de la agricultura con la ganadería es que el productor está más dispuesto a desarrollar una agricultura de punta pero con una ganadería más tradicional, lo que limitaría el sistema combinado: ¿considera que esto sucede en nuestras condiciones?

Puede ser. Más que una ganadería tradicional creo que se busca el mínimo costo. Es un tema complejo: si el foco es la fase agrí cola y la recuperación del suelo, se puede llegar a tener que tomar decisiones que no se alinean con obtener las máximas rentabilidades de las pasturas, y esta es la causa de que no se quiera gastar mucho. Por ejemplo, si el cultivo de primera es soja, para lograr los barbechos adecuados, pierdo un período muy productivo de la pastura. Sabiendo esas cosas, es difícil querer gastar plata. Debemos analizar el sistema en conjunto y no por rubro, de lo contrario somos injustos con la ganadería y, en definitiva, se necesita.

Mucho de lo que ganamos con la inclusión de las pasturas, para la fase agrícola y la sustentabilidad del sistema, es difícil de cuantificar económicamente. Hemos logrado avances en poner números a algunas cosas, y el cambio se va a dar en la medida que la gente continúe viendo las consecuencias negativas de los sistemas continuos en sus chacras.

Por otro lado, como gran parte de los agricultores no son dueños de las tierras, no es fácil acordar quién asume los costos/riesgos de apuntar a la conservación del recurso.
Creo que el desafío es ser conscientes de lo que ganamos al incluir las pasturas, pensando en el largo plazo.

  • Fuente: Agrotemario Edición Nº66

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