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El compartimento ovino, una realidad que va por más

"El gran compromiso hoy es defender y promocionar esta figura sanitaria y los emprendimientos productivos que ella permite”, afirmó el experto en ovinos

05/11/18

Desde la apertura del mercado de Estados Unidos para el ingreso de carne ovina con hueso producida en Uruguay –setiembre de 2017– se han faenado cerca de 7.000 corderos (algunos con base en el rito kosher) y enviados en carcasas y cortes a dicho país.

Al plan piloto del SUL hoy se suma el de los productores de la Asociación Rural de Reboledo y Juventud Agraria en un predio del instituto Nacional de Colonización (en Florida) y Santa Leopoldina (en San José).

Atento a la realidad existente, que ha permitido mejores precios por esta carne en este mercado –20% a 30% más al productor–, se están aceptando nuevas propuestas de compartimentos.

Para esto, el MGAP ha definido todas las normas y reglas que deben conocer y luego cumplir los interesados, debiendo inscribirse para ser visitados y, si reúnen las condiciones, proceder a ejecutar la infraestructura para empezar a operar.

La selección es muy estricta, debiendo existir un verdadero compromiso a fin de que funcione bien la asociación público privada y se respeten los roles claves. 

Esta figura sanitaria, hoy reconocida por la OIE y adoptada por Estados Unidos, es un gran reconocimiento al status sanitario del país, por lo que se debe defender y no cometer algún error que conspire contra esta realidad.

Uruguay cuenta con una excelente genética ovina, preconiza el bienestar animal, defiende el medio ambiente y es un celoso defensor de la sanidad para brindar al mundo productos seguros e inocuos.

Productores comprometidos, instituciones integradas e industria de calidad son el sustento para seguir creciendo con esta carne ovina de alta calidad.

La trazabilidad individual en este caso fue una gran aliada y su uso así como certificaciones –“libres de…”– son de recibo y más que justificadas si traen consigo un valor agregado.

La ley de suelos con el uso de los puentes verdes es otro gran aliado, así como el reconocimiento a Uruguay que junto a Chile fueron el Primer Centro Colaborador de la OIE en Bienestar Animal para América.


Sin reproducción no hay producción y sin producción no hay ingresos.

Por todo lo antes mencionado, se ha logrado un gran objetivo que debe actuar como un mojón de referencia para ir por más.

Se deben buscar mercados para carcasas más pesadas –superpesadas– y lograr este sobreprecio para animales de hasta cuatro dientes, que además de brindar una excelente carne nos permiten cosechar su lana.

También hay que trabajar para poder incorporar a los corderos super precoces de las razas carniceras y lograr el sobreprecio en esta categoría que se vende muy bien al destete –“destete a culata de camión”–.

Mucho queda por lograr y mientras sigan articulados todos los actores se podrá incrementar una especie que renta muchísimo y es una gran opción de producción complementaria –no secundaria– en cualquier sistema de producción.


Mucho trabajo y esfuerzo costó lograr esta figura hoy reconocida a nivel mundial y estamos seguros que brindará grandes dividendos para toda la cadena, no sólo en carne ovina con hueso, sino también en venta de material genético de esta y otras especies –semen y embriones–, reproductores y aplicación en otros temas sanitarios internos y externos.

Ya está desarrollado en el país un Centro Genético de Alta Bioseguridad, donde el privado actuante es la Sociedad de Criadores de Hereford, con el compromiso de que previo acuerdo esté a disposición de todos. Esta figura sanitaria ya cuenta con el aval técnico de la OIE y los servicios oficiales del Nafta y la Unión Europea, faltando el aval político para concretarlo.

El uso de esta figura sanitaria con la gran ayuda de la trazabilidad ha permitido salvar genética en focos de brucelosis y puede ser muy importante en campañas sanitarias. 

Por último, su utilización en la producción para ciertos productos cárnicos y la herramienta para levantar restricciones sanitarias debidas a diferentes status sanitarios o barreras no arancelarias son más que de consideración.

Ante estas realidades, el deber es integrarse instituciones públicas y privadas –el MGAP-DGSG, INAC, INIA, INC, IPA, ARU, FR, CAF, SUL y muchas más– con productores, grupos de productores, agroindustrias y con una buena articulación ir por más.

(*) jbm@adinet.com.uy

  • Fuente: Por Jorge Bonino Morlán (*), especial para El Observador

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