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Con Gianni Bianchi, sobre corderos pesados y la producción agropecuaria uruguaya

22/08/13

El reciente anuncio de que antes de fin de año Uruguay podrá exportar carne ovina al mercado estadounidense aumenta las perspectivas de desarrollo del rubro pero a la vez despliega desafíos.

“Sigo sosteniendo que no tenemos hoy la cantidad ni, sobre todo, la calidad del cordero que Estados Unidos les compra a los australianos, partiendo de la base, claro está, de que se está pensando en volúmenes significativos que realmente pretendan tener impacto en el país”, escribió Gianni Bianchi el 12 de agosto.

Bianchi es ingeniero agrónomo y docente en la Estación Experimental Mario Alberto Cassinoni (EEMAC) que la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República tiene en Paysandú. Es referente en el tema de producción de corderos pesados, una línea de investigación desarrollada en la EEMAC durante diez años, desde 1997.

“Esquemáticamente se puede decir que los corderos nacen en la primavera y se venden recién a fines del invierno siguiente. El único requisito es que no corten los dos incisivos centrales, que ocurre al año de edad, y ése es el famoso cordero pesado uruguayo. Pero por más que digan que es de calidad, no compite con un cordero australiano o neozelandés, porque el que ellos producen no tiene más de cuatro meses y medio de edad y tiene un peso muy alto”, afirmó.

Los corderos pesados uruguayos pesan al ingresar al frigorífico entre 34 y 36 kilos (vivos). Bianchi señaló que Estados Unidos demanda de Australia y Nueva Zelanda corderos con 24 kilos de carne -para lo que tienen que pesar más de 50 kilos vivos- y sin exceso de grasa. “Uruguay no puede hacerlo porque produce carne a partir de la raza mayoritaria, que es Corriedale, o de Merino o Ideal, y una parte muy menor a partir de razas carniceras y sus cruzas. La madre de los corderos australianos es Merino Australiano, una raza cien por ciento lanera, pero el padre es una raza carnicera; con eso están compitiendo en el mundo”.

Corderos potenciados
El equipo de investigadores de Paysandú partió de un trabajo que había comenzado la Facultad de Veterinaria. Propusieron producir un cordero distinto al que promovió el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) desde 1996.

Decidieron basarse en razas carniceras, aprovechar el potencial de los campos de la zona de influencia de la EEMAC, donde las pasturas tienen un buen rendimiento, y generar un cordero de contraestación. “Si la mayoría de los corderos se produce en octubre y noviembre, hay que generar tecnología para tenerlo en marzo, abril”, dijo Bianchi y subrayó que eso permitiría al país tener una presencia sostenida en el mercado.

La raza del padre depende del mercado, sostuvo. “Para venderle a Estados Unidos tendría que ser Poll Dorset, porque es una raza de excelente velocidad de crecimiento y muy magra; es un animal mucho más eficiente en depositar un kilo de músculo que en depositar un kilo de grasa: deposita grasa a edades muy avanzadas. Pero si ese animal lo producís para el mercado europeo, no lo terminás nunca más porque la Unión Europea quiere un cordero con 18 kilos de carcasa –tiene que pesar 36, 38 kilos en el establecimiento– y con determinado grado de engrasamiento.

Un Poll Dorset está flaco con ese peso, una cruza Southdown o Cara Negra es ideal. Esa información no estaba en el país. Hoy está disponible, la generamos nosotros”.

Con financiamiento del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), la EEMAC firmó un convenio con Central Lanera y con el frigorífico San Jacinto para validar esa tecnología a gran escala. En 18 establecimientos encarneraron 5.000 ovejas con machos de razas carniceras durante tres años. “Los resultados fueron buenísimos, de los 18 establecimientos en 15 pasó lo que efectivamente decía la investigación y en los otros tres no pasó porque no dependía de la investigación, sino del manejo del productor”. Luego, mediante otro proyecto del MGAP difundieron la validación en 18 cooperativas.

Límites de la productividad
Bianchi comentó que los establecimientos con los que se trabajó continúan aplicando la tecnología, pero no se ha extendido lo deseable. Lo atribuye a varias causas. Indicó que no hay estímulos para que se produzcan esos corderos porque los frigoríficos no pagan más por ellos, pese a las propiedades de la carne y a que se producen fuera de la zafra. Sostuvo que como Brasil, que es el principal comprador de carne ovina uruguaya, paga más por el cordero entre setiembre y diciembre, a los frigoríficos de Uruguay -muchos de los cuales pertenecen a grupos brasileños- no les interesa tener un ritmo constante de faena. Reprochó, al igual que lo manifiestan los productores ovejeros, que los frigoríficos priorizan la carne vacuna, que les resulta más rentable. Pero esa preferencia por el vacuno existe también en el campo, observó.

Aseguró que, salvo excepciones, los ovinos están en las peores tierras, porque las mejores se reservan para los vacunos. “La pastura es mala palabra para el ovino”, graficó. La alimentación es clave: “Un cordero podría tener una velocidad de crecimiento de 200, 250 gramos por día, y crece a tasas inferiores a 100, 80, 90 gramos por día”. Otra gran limitación es, a su entender, la baja incorporación de tecnología que hacen los productores ganaderos.

De la teoría a la práctica
Paradójicamente, Uruguay tiene muy buenos técnicos en ovinos, pero si ves el sistema de producción predominante y agarrás cualquier indicador tecnológico, estamos lejísimos del potencial de la especie”, sostuvo. Se refirió al porcentaje de señalada: “Es una vergüenza nacional que Uruguay necesite casi dos ovejas para tener un cordero al año”.

Apreció que el sector lanero haya incorporado algo más de tecnología, como la esquila preparto, el acondicionamiento de lana, la importación genética para afinar la lana. Igualmente, recalcó que, a diferencia de otros sectores agropecuarios del país, la ganadería extensiva no demanda tecnología. “Hay un paquete tecnológico de relativamente bajo costo que no se adopta porque los productores no contratan técnicos. Hay algunos productores de punta que la adoptan y los resultados están a la vista, pero el grueso de los productores no lo hace”. Esbozó una explicación: “Hay una concentración muy grande de tierra y de semovientes en este país. Más de 70% de los productores pecuarios tiene menos de 200 hectáreas, quiere decir que 30% tiene el resto de la superficie ganadera, y así como tiene la tierra también es dueño de las vacas y de las ovejas. El productor no demanda tecnología porque está cómodo.

Tiene 4.000, 5.000, 6.000, 7.000 hectáreas, en general es ausentista –no vive en su predio– y cuenta con una mano de obra que no está capacitada y que tampoco está bien remunerada”.

Establishment
“En los congresos de la Federación Rural (FR) nunca hay una reivindicación tecnológica, nunca hay un mea culpa de lo mal que producimos y las quejas son siempre las mismas: el atraso cambiario, el precio y el costo país son los caballitos de batalla de la FR y de la Asociación Rural del Uruguay. Nunca escuché una crítica que planteara cómo puede ser que en un país ganadero 50% de los veterinarios trabajen con pequeños animales y 80% de los agrónomos estén vendiendo insumos y contando lagartas en el caso de la soja”, dijo.

Bianchi mencionó la influencia de intereses en las instituciones. Comentó que en 1994 se desarrolló en Uruguay el Congreso Mundial de Merino Fino y que todos los referentes extranjeros anunciaron que los mercados mundiales demandarían lanas finas. Destacó que, pese a eso, se continuó promoviendo el despliegue del Corriedale, que a su entender no es una raza de doble propósito porque su diámetro promedio mide casi 30 micras. Acusó que “en el SUL durante mucho tiempo mandaron los cabañeros Corriedale” y dijo que eso limitó las posibilidades de que la institución desarrollara investigaciones de corderos pesados con razas carniceras: “¿Cómo te voy a dejar que investigues algo que atenta contra mis intereses?”, cuestionó.

Bianchi sostuvo que en ovinos no ha habido una política estatal: “Sí la tuvo el vacuno, la lechería, el arroz, pero no la tiene la oveja, nunca la tuvo”, afirmó. Confió en que se pueda cambiar la realidad, pero para eso el Estado tiene que definir políticas y priorizar el fin social común, aunque tenga que enfrentarse a grandes intereses. “El techo del ovino está lejísimos”, dijo y valoró que se trata de una oportunidad. Sostuvo que invirtiendo en genética, en alimentación, en riego y teniendo personal capacitado para manejar el predio se puede producir entre 800 y 1.000 kilos de carne por hectárea, y que con esos valores se podría competir incluso con la soja.

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