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Un compromiso con el suelo

En Mar del Plata, en el Congreso del Suelo, se analizó a fondo un desafío central de la agricultura argentina: conservar la fertilidad en las zonas de alta intensificación productiva y usar con eficiencia y sustentabilidad los fertilizantes, para producir más alimentos con el menor impacto ambiental posible. En el evento, además, se advirtió que en algunos sectores de la zona núcleo hay una fuerte caída de algunos nutrientes esenciales.

16/05/12

En Mar del Plata, en el Congreso del Suelo, se analizó a fondo un desafío central de la agricultura argentina: conservar la fertilidad en las zonas de alta intensificación productiva y usar con eficiencia y sustentabilidad los fertilizantes, para producir más alimentos con el menor impacto ambiental posible. En el evento, además, se advirtió que en algunos sectores de la zona núcleo hay una fuerte caída de algunos nutrientes esenciales.

Con una población mundial que, según proyecciones de la FAO, en 2050 se estabilizará alrededor de las 9.000 millones de personas, la producción agrícola a nivel global presenta un desafío central: crecer en toneladas, pero sin incrementar la superficie y con el menor impacto ambiental posible.

En este escenario, el manejo de nutrientes es uno de los aspectos esenciales que los productores deberán seguir con atención, pero no solo con la mira enfocada en mejorar los rendimientos, sino también en la sustentabilidad ambiental.

En el marco del XXIII Congreso Argentino de Ciencias del Suelo, que se llevó a cabo en Mar del Plata, especialistas argentinos y extranjeros abordaron estas cuestiones, y analizaron aspectos estructurales. Así, en este espacio de debate, algunas de las ideas centrales que se desprendieron fueron que no existe una “receta mágica” para el manejo de nutrientes, y se remarcó en varias oportunidades el potencial de América Latina para la intensificación agrícola.

Para Antonio Mallarino, un reconocido especialista uruguayo que trabaja en la Universidad de Iowa (EE.UU.), no existe una única forma de manejar la fertilización con fósforo y minimizar su impacto ambiental.

Para realizar un abordaje integral de esta cuestión, en primer lugar propone diferenciar la situación del productor, y en cierta manera “regionalizar” esta problemática. En la actualidad, el manejo de los nutrientes se centra en cantidad de dosis y métodos de aplicación, pero deja de lado su impacto ambiental.

Mallarino propone ir un paso adelante, y de acuerdo a las características de cada zona, impulsar prácticas ambientales de acuerdo a las necesidades locales, y promover investigaciones que permitan desarrollar métodos de uso para aprovechar de manera eficiente el perfil del suelo.

El especialista -realista- reconoce que esta idea se dificulta por la incertidumbre que existe en distintas variables de la economía. Entonces, los productores muchas veces apuntan a soluciones económicas para salir del paso y no aplican la cantidad adecuada de fósforo y nitrógeno en el suelo. “Con la situación actual, el problema no será el agua; se están exportando nutrientes y tendrán que empezar a reponerlos, y en mayores cantidades”, advirtió.

Desde su óptica, no es lo mismo un propietario en la región pampeana que un arrendatario que en la siguiente campaña no sabe si podrá manejar la tierra. “Si no entendemos esto, nunca convenceremos a los productores que en distintas condiciones hagan lo mejor posible”, enfatizó.

El técnico destacó que en el caso de la zona núcleo argentina, si bien el porcentaje de exportación de nutrientes es elevado, los productores monitorean de manera constante su nivel. Y en el caso de suelos deficitarios en fósforo, como en el sudeste bonaerense, advirtió que se están generando desbalances regionales. “Veo que muchos productores intentan obtener el mayor rinde con el menor uso de fertilizante posible”, contó.

Por su parte, Mike McLaughlin, de la universidad australiana de Adelaide, estimó que en materia de fósforo América Latina se perfila con un gran potencial, porque sus suelos -a diferencia de Europa- tienen gran capacidad para fijar este nutriente. Como contracara de estas perspectivas, también señaló que esta región experimenta deficiencia de fósforo en grandes extensiones de suelo, con bajos porcentaje de eficiencia en el uso del nutriente.

A la hora de buscar la mejora en la eficiencia de uso de los fertilizantes fosforados, el australiano explicó que se debe apuntar a reducir al mínimo las pérdidas por lavado y erosión de suelo. “Los fertilizantes se aplican de manera superficial, pero existen alternativas para mejorar la fertilización vía aplicación en el subsuelo”, afimó.

En el apartado de micronutrientes, McLaughlin planteó que en los suelos ácidos de Argentina pueden presentarse deficiencias de boro y de molibdeno, fundamentales para la fijación biológica de nitrógeno. “En el caso de suelos alcalinos, el primer problema puede ser el zinc”, avisó .

Así, y en un escenario a futuro en el que se deberá intensificar la producción de manera sustentable, la fertilización del suelo jugará un rol fundamental.

En alerta

Hernán Sainz Rosas, del INTA Balcarce, contó en el congreso del suelo que en un relevamiento que realizó el INTA en el norte de Bs. As, sur de Santa Fe y Córdoba se detectó una fuerte caída de materia orgánica, además de una merma en los niveles de PH. En fósforo, y sobre todo en el oeste bonaerense, dijo que el balance del nutriente también es negativo. Y en el norte bonaerense, además, se registran problemas de erosión que golpean fuerte a la salud del suelo.

  • Fuente: Diario Clarín Rural – Argentina

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