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Trece razones de la importancia de guardar la mejor comida para después de que paran las ovejas

Un camino para hacer eficientes a los distintos protagonistas de la producción de carne

26/09/13

1. La producción de leche de la madre “se juega” en el pos-parto (a pesar de que la alimentación pre-parto incide, pero en menor medida): en las primeras tres semanas de parida ocurre el pico y su magnitud determina la persistencia.

2. El crecimiento de los corderos está altamente relacionado con la producción de leche de la madre en las primeras 12 semanas.

3. Es mucho más fácil y menos costoso alimentar al cordero en primavera (si el servicio es, como corresponde, en otoño) que hacerlo en el verano.

4. En esta última estación las alternativas forrajeras son más dependientes del clima (agua).

5. No es lo mismo llegar al verano con un cordero de 25-28 kg (lanero o cruza carnicero, respectivamente) que hacerlo con un cordero de 20–25 kg.

6. En el primer escenario, ese cordero de razas laneras, si es macho, se “eterniza” en el campo y, si es hembra, no llega a encarnerarse a los dos dientes. En el caso de que sea cruza, no se está aprovechando el potencial de crecimiento, demorando el engorde innecesariamente.

7. Si se es criador y la idea es vender el cordero al destete, el precio baja sensiblemente, si es que los invernadores se lo levantan.

8. Si, además de brindarle lo mejor a la oveja parida, la servimos en marzo (y no en abril o en marzo-abril), la eventual menor tasa ovulatoria se compensa con la concentración en la parición (con lo cual la corderada es más pareja) y, sobre todo, con el mes que le “ganamos” al cordero, destetándolo en diciembre con casi cuatro meses de edad. Claro que es menester tener comida en el invierno.

9. La idea es sacar el cordero con no más de seis meses o entregarlo al destete, recibiendo el precio del cordero pesado en ese momento y una re-liquidación que “emparde” el valor del kg al momento de ser comercializado.

10. Éste es un camino para hacer eficientes a los distintos protagonistas de la producción de carne. El criador, si no puede engordarlo, debe saber que tenerlo un año para sacarle un vellón no paga el campo que ese animal ocupó. El invernador debe pensar que su ganancia no puede salir del precio que compra el cordero, sino de la seguridad de tener todos los años un volumen de corderos de calidad para engordar, cuando sus mejoramientos lo requieran.

11. En este escenario la industria, al menos alguna industria, se embarcaría, quizás financiando parte del cordero al invernador (bajo la modalidad de adelanto), si es que éste asegura cantidad y calidad para cuando el negocio se pacte, liquidando el precio del cordero en función de la calidad real y objetiva que tenga. Con lo cual los corderos que participen de este circuito no pueden valer ni parecido al cordero pesado tradicional.

12. Así empieza a construirse “la cadena que no es cadena”.

13. Hasta desde el punto de vista de la producción de lana, el futuro vellón depende mucho más de la rápida maduración de los folículos secundarios, que de la población folicular que se define al parto y que es menos dependiente del ambiente.

“Es mucho más fácil y menos costoso alimentar al cordero en primavera (si el servicio es, como corresponde, en otoño) que hacerlo en el verano”, afirma el Ing. Agr. Bianchi.

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