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¿Qué hacer con las ovejas en el otoño para no sorprendernos al parto?

En todo proceso de producción, sin importar el rubro de trabajo, el control del proceso productivo resulta un elemento central no sólo para la toma de decisiones, sino también para el logro de resultados satisfactorios.

05/05/14


En todo proceso de producción, sin importar el rubro de trabajo, el control del proceso productivo resulta un elemento central no sólo para la toma de decisiones, sino también para el logro de resultados satisfactorios.

Lamentablemente en la ganadería en general y en la producción ovina en particular, prácticamente no existe – precisamente – control del proceso de producción. Basta mencionar que sólo 1 de cada 3 productores revisa minuciosamente sus reproductores dos meses antes de la encarnerada.

No son muchos tampoco los que 1 mes antes de los servicios revisan – también minuciosamente – los vientres viejos y nuevos a encarnerar (boca, patas, ubre) y prácticamente ninguno realiza - en forma sistemática - el necesario loteo por condición corporal de todos los vientres, para conocer con razonable grado de exactitud las posibilidades de que la oveja quede preñada y responda a la práctica del flushing (sea natural, como generalmente ocurre o inducido, como debería ocurrir).

Controles
Nos atreveríamos a decir que casi nadie – salvo los que realizan IA – controlan los servicios de sus carneros (utilizando secuencialmente tierra de colores con la única lógica que el color entrante tape al anterior).

Con esta práctica sencilla y de muy bajo costo, se puede saber:

1. Con razonable grado de exactitud las ovejas falladas (o al menos no preñadas en la encarnerada planificada; vale decir que las “montas robadas” pasarán, si las hay, como falsas falladas).
2. Conocer, también con razonable grado de exactitud (dependiendo si la tierra se cambia cada 2 o 1 semana), cuándo van a parir.

El primer punto es de tal importancia que en aquellos predios donde la señalada es = 75%, no se justificaría recurrir al ecógrafo, conforme éste no es más preciso que el carnero en detectar preñadas y con los guarismos de señalada manifiestos, no es dable esperar mellizos a punto tal que justifique el costo del operador que hace la ecografía. El segundo punto, es de igual (o aún más) importancia, sencillamente porque no existe ecografía que nos diagnostique con la misma precisión que la marca del carnero la fecha de parto de la hembra preñada.

Y esto que puede parecer trivial o sumamente “meticuloso”, es de vital significancia en predios donde se considere suplementar en cortos períodos de tiempo con el propósito de no gastar mucho, pero tener una respuesta considerable. El ejemplo más significativo es suplementar durante la última semana de gestación a las ovejas preñadas con el propósito de aumentar la cantidad de calostro (y su calidad) y con ello facilitar la extracción del mismo por parte del cordero inmediatamente después de parido y durante las primeras 24 horas de su vida. Hecho que demostradamente mejora el vínculo madre-hijo, permite el pasaje de anticuerpos al cordero y si bien no mejora su peso al nacer, sí mejora las probabilidades de supervivencia a cielo abierto como se desarrolla nuestra ovinocultura.

En síntesis:
1. La revisación adecuada de los carneros dos meses antes de la encarnerada, la disponibilidad de verde, agua y sombra y la práctica de que trabajen con media lana y con un estado corporal equivalente a consumo de estancia (“ni flaco, ni gordo”), evita sorpresas durante el servicio. El no hacer las cosas bien, no se “tapa” aumentando la cantidad de carneros. Es más, puede llegar a ser contraproducente, ya que el macho inferior podría – eventualmente – ser el dominante y molestar a los carneros declarados “aptos”. No se deberían usar un porcentaje de carneros superior al 2%, porque se parte de la base que – además de hacer todo lo señalado dos meses antes de la fecha de servicio fijada – los potreros son de tamaño razonable, los animales se rejuntan (o se encierran) durante la noche y se “cruzan” experiencias reproductivas con las ovejas: los carneros “hechos” con las borregas de celo más corto y sin agresividad ninguna (no “buscan” al macho) y los borreguitos 2 dientes sin experiencia, con ovejas que tienen un celo más largo y mucho más agresivo.

2. La revisación – también dos meses antes – de las ovejas para refugar las viejas, las crónicas de patas y las que presentan ubres con mastitis, cuartos descolgados y/o pezones ciegos por cortes de esquila, es clave. Primero para no comprometer el futuro reproductivo de esa potencial madre y segundo para contar con tiempo suficiente para engordarlas antes del invierno y venderlas.

3. El lotear las ovejas un mes antes de la fecha de servicio, permite dividir los animales en tres lotes: <2,5, 2,5-2,75 y =3,0 y conocer con razonable grado de precisión qué animales presentan altas probabilidades de fallar, cuáles de responder de manera más significativa al incremento de comida (particularmente en calidad: 150 g PC/día) y cuáles su desempeño posterior será independiente de la comida que reciban en torno al servicio.

4. El uso de tierra de colores nos permitirá conocer con razonable precisión el número de ovejas servidas/oveja encarnerada, la tasa de retorno al servicio y la preñez (si una vez culminados los servicios echamos por 30 días retarjos o capones con testosterona pintados) y la fecha de parto de forma tal de compatibilizar prácticas de manejo en forma precisa.

5. Obviamente que un manejo sanitario acorde (particularmente referido a la dosificación con un antihelmíntico de espectro reducido y la primera dosis contra clostridiosis), son complementarios y necesarios para lograr resultados favorables.

Necesariamente el manejo correcto y sistemático de todas (y no de algunas) de las prácticas señaladas, requieren el control de un técnico capacitado en producción ovina. En este sentido, los honorarios profesionales deberían ser vistos como una inversión y no como un costo.



Nótese la mansedumbre de los corderos al subir al camión y el operario que desde arriba, con una bolsa vacía “simula” ofrecerles ración. Vaya si será importante que todos los animales “sepan comer grano”. No hay perros, no hay gritos, no hay palos, no hay rebenques, no hay picana y por tanto no hay malas prácticas de manejo que afecten la calidad ética y de calidad de carne de los corderos. Bienestar Animal que le llaman”.

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