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Mortalidad de corderos - ¿Cómo bajarla a menos de 10% con tasas melliceras a la ecografía ? 40%?

Parece un contrasentido la interrogante del título, habida cuenta de que los mellizos determinan –entre otras cosas y por ser más chicos al nacer– más mortandad de corderos.

25/09/14

Parece un contrasentido la interrogante del título, habida cuenta de que los mellizos determinan –entre otras cosas y por ser más chicos al nacer– más mortandad de corderos. Sin embargo, se puede demostrar matemáticamente que, salvo que la supervivencia de éstos sea menor que la mitad de la que presenten los corderos nacidos como únicos, los mellizos siempre compensan su mayor mortandad con un mayor porcentaje de señalada. Dicho de otra forma, para lograr señaladas superiores a 85% es condición necesaria contar con mellizos en la parición.

Convengamos que la pregunta del título es mucho más desafiante, ya que no plantea algunos mellizos, sino que señala una tasa mellicera de 40%; si bien es a la ecografía, se parte de la base de que el operario tiene una precisión no menor a 95% –si no, no se justificaría su contratación– y, sobre todo, se considera que la gran mayoría de las muertes ocurren en el parto o después de éste, siendo ocasionales las mortandades pre-parto y, cuando las hay, se atribuyen generalmente a problemas de aborto: toxoplasmosis y/o brucelosis. Pero no sólo es desafiante en la cantidad de mellizos, sino, sobre todo, en la baja mortalidad que plantea.

Hay en el país, a disposición de quien quiera utilizarlas, diferentes vías para lograr guarismos cercanos a 40% de tasa mellicera en un rebaño, aunque todos requieren, como condición sine qua non, tener un control razonablemente preciso del proceso productivo. Si no conocemos cuándo van a parir nuestros animales y qué carga fetal y estado nutricional tienen, difícilmente podamos ser eficientes y competitivos con la producción ovina en general y de carne, en particular.

Aumentar la prolificidad
No pueden parir más ovejas que las que se encarneran, ni sobrevivir más corderos que los que nacen, pero sí (a diferencia de la vaca) pueden nacer muchos más corderos que las ovejas que paren. Ése debe ser el objetivo para aumentar los magros e históricos indicadores reproductivos a nivel nacional.

La alimentación focalizada en torno al servicio, con un balance adecuado de proteína y energía, particularmente en las hembras que más responden a la práctica de sobrealimentar ovejas en torno a la encarnerada (flushing), y el uso de razas prolíficas en cruzamiento, sobre todo las de tamaño medio (y, si el consumo por unidad de peso es constante, de menor consumo de forraje y menor costo de producción) y, dependiendo de la raza base, con el agregado de un vellón finomedio: Finnish Landrace son –a nuestro entender– las tecnologías de mayor impacto en el corto plazo.

Hay otras alternativas, algunas de ellas –incluso– evaluadas por nosotros: uso de genes de efecto mayor (Booroola); generación de líneas de alta fertilidad a través de la selección de madres con más de un registro de parto doble; uso de carneros mellizos y ovejas mellizas; cruzamientos con Milchschaf.

Preguntas con respuesta
¿Para qué precisamos saber cuándo van a parir nuestras ovejas? En primer lugar porque no todas paren el mismo día, ni la misma semana, y dependiendo del largo de la encarnerada (aunque es aconsejable no extenderla más de 34 días en otoño), ni siquiera tienen porqué parir el mismo mes. Los cuidados y la alimentación necesarios sólo 10 días antes del parto no se podrán hacer con la precisión y la economía que justifica la práctica de encerrar y suplementar energéticamente (aumentando gradualmente hasta llegar los últimos 5-7 días con 1/2 kg de grano/oveja/día) sólo a las ovejas que tengan más de un cordero adentro, para lo cual va de suyo que tenemos que saber, además, cuántos corderos están gestando. La suplementación focalizada requiere que los animales ya estén acostumbrados a comer grano. Práctica aconsejable de instrumentar cuando son corderos, no sólo porque mejora su crecimiento, sino también porque cuando “aprenden” no se olvidan más, además de las ventajas de manejo asociadas a un rebaño acostumbrado a comer ración.

También debemos conocer su estado nutricional, y obviamente no a través del peso vivo “desfigurado” entre otros factores (contenido gastrointestinal, tamaño, lana), por su estado fisiológico (una oveja gestando mellizos puede tener 10-12 kg de líquido amniótico + placentas + cotiledones + fetos que pierde ni bien pare), sino a través de su condición corporal (CC), y el momento para hacerlo es 30 días antes de la fecha de parto (otra razón para conocer cuándo paren, y además para que la parición sea concentrada, para hacerlo una sola vez y que esa vez sea representativa de todo el lote).

¿Por qué 30 días antes del parto? Para identificar y mejorar la alimentación de las ovejas con CC ≤ 2,5 (independientemente de su carga fetal) y de las hembras viejas de última cría que hayamos decidido encarnerar cuatro meses antes.

¿Cómo proceder al encierro?
Las ovejas se deben encerrar 7-10 días antes de la fecha probable de parto (considerando una gestación de 145 y no de 150 días), procediéndose los primeros dos días a que se acostumbren al nuevo ambiente y socializándolas antes de su encierro individual (o a lo sumo dos ovejas/encierro), siendo suficiente una superficie de 3m2/oveja.

Particularmente este año, en la Unidad de Ovinos de la EEMAC, se aprovecharon unas instalaciones que se encuentran detrás del galpón, procediéndose a separarlas con bastidores y usando varejones de Eucalyptus y cañas tacuaras para colocar y sostener (en forma conjunta con alambre) un nailon de silo que se utilizó como techo.

El piso fue cubierto de fardos viejos de moha (paja seca), oficiando de cama, y cambiándola con una frecuencia de dos veces/semana. Las ovejas se alimentaron desde el inicio con forraje verde proveniente de una alfalfa de segundo año que era cortada a diario en la mañana con guadaña, porque la bordeadora “rompe” mucho el pasto y se pierden hojas en forma significa tiva, a razón de 2,5% de su peso vivo, partiendo de la base de que, por su estado de gravidez, el útero limitaba bastante su capacidad de consumo, que en condiciones normales se acercaría a 3-3,5% de su peso vivo.

La comida se repartía durante tres veces al día (mañana, mediodía y tarde), complementándola con cantidades crecientes de grano entero de sorgo: comenzando con 200 diarios y, si no había rechazo, se incrementaba diariamente 100 gramos hasta llegar a la cantidad prefijada, dividiendo su suministro en partes iguales (mañana y tarde). Si bien disponían de agua ad libitum, su consumo fue bajo, asociado a la época del año y sobre todo al relativo alto consumo de forraje verde (no más de 25- 30% de materia seca).

Las ovejas se mantienen en el encierro no más de 48, a lo sumo 72 horas postparto, tiempo más que suficiente para establecer el vínculo madre-hijo, permitir que las crías tomen calostro a voluntad y puedan ser trasladadas a potreros contiguos con suficiente comida de calidad.


En la Foto 2 se muestra una madre 1/2 Finnish Landrace x 1/2 Merino Australiano ya devuelta al campo, asegurada la supervivencia de sus tres hijos, y pastando sobre praderas de buena calidad, que aseguren una buena producción de leche y por tanto un crecimiento acorde de sus corderos. Esos corderos ya no serán abandonados por su madre (aunque se trate de trillizos) y sólo necesitarán que ella coma a voluntad para producir la leche necesaria para su crecimiento. Si hay un estado fisiológico que justifique invertir en comida de calidad para la oveja es la lactación, que definirá el pico y, con él, la persistencia de la lactancia, determinando que los corderos alcancen en un destete no superior a los 100-120 días pesos vivos ≥ 28 kg (dependiendo del biotipo del cordero), asegurando un rápido y eficiente engorde hasta su venta, o eventualmente el comienzo de su etapa reproductiva como cordera o borrega de cría, y también la producción de lana del futuro vellón del cordero (maduración de folículos secundarios) y la merma en lana de la oveja lactante que, generalmente, es inevitable.

Comentarios finales
A lo largo de esta nota queda claro el potencial de la oveja que seguimos desaprovechando y la cantidad de corderos que permitimos que se mueran todos los años, cuando es posible salvar a la inmensa mayoría.

Claro, para no seguir ignorando las posibilidades de la especie, hay que controlar el proceso. Esto es ciencia, no sólo experiencia y/o tenencia de animales y tierra. Los profesionales, agrónomos y veterinarios de este país tienen que poder trabajar en ganadería en forma significativa y haciendo ejercicio liberal de su profesión.

Estamos en la época de la consolidación de la biotecnología y la robótica en el mundo, pero en Uruguay seguimos precisando 1,5 vacas y casi dos ovejas para lograr un ternero y un cordero al año.

Nadie más que los dueños de la mayoría de los semovientes del Uruguay (o que la inmensa mayoría, para no ser injustos, porque hay quienes hacen las cosas muy bien, pero el promedio –que se hace con todos– determina que su trabajo no “luzca”) tienen la responsabilidad de ser tremendamente ineficientes en la cría.

No la tiene el atraso cambiario, ni los mercados, ni los precios, ni los frigoríficos, ni el gobierno de turno, ni nada de lo que generalmente se menciona en las instituciones que de una u otra forma representan a los ganaderos del país. ¿No será hora de ser un poco autocríticos?

1 Ing. Agr. (PhD). Comentarios, críticas o más información a este respecto, dirigirse a: 2tanos@gmail.com

2 Ing. Agr. realizando su Pos-doctorado en la EEMAC.
Universidad Federal de Santa Maria, UFSM, Santa Maria, RS, Brasil.

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